TÁCTICAS


Cuadro táctico genérico





01- INTRODUCCIÓN
Las tácticas militares y estrategia de la infantería evolucionaron desde lo que se puede esperar de un pequeño poder tribal que buscaba la hegemonía local, hasta operaciones masivas coordinadas a lo largo de un Imperio mundial. Este éxito incluía una tendencia hacia la estandarización y sistematización del ejército, aprendizaje y copia de tácticas extranjeras, flexibilidad en tácticas y métodos, un férreo sentido de la disciplina, una tenaz persistencia que buscaba la obtención de la victoria en toda su extensión, y la cohesión que les confería el ideal sobre la ciudadanía romana

Estas características se desvanecieron con el tiempo, pero forman una base distintiva sobre la que se construyó el ascenso de Roma a potencia mundial.

Algunas fases clave de esta evolución en la historia militar romana incluyen:
                Fuerzas militares basadas principalmente en infantería pesada de ciudadanos con inicios tribales y uso temprano de elementos estilo.
                Sofisticación creciente a medida que la hegemonía romana se expande fuera de Italia hacia el Norte de ÁfricaGrecia y Oriente Medio.
                Refinamiento, estandarización y mayor eficiencia continuados en el periodo asociado con Cayo Mario, incluyendo una base más amplia de incorporación de ciudadanos en el ejército, mayor profesionalidad y tiempo de permanencia en el servicio militar.
                Expansión, flexibilidad y sofisticación continua desde el final de la República hasta los tiempos de los césares.
                Creciente barbarización, trastornos y debilitamiento en las unidades de infantería pesada a favor de la caballería y tropas más ligeras (ver foederati).
                Caída del Imperio romano de Occidente y fragmentación en pequeñas y débiles fuerzas locales, inversión del estatus de la caballería e infantería en el Imperio romano de Oriente, con fuerzas de catafractos conformando la élite, y la infantería quedando relegada a tropas auxiliares.


02- ENTRENAMIENTO, ARMAS Y EQUIPO
Con el tiempo, variaron los roles y equipamiento asociados al sistema militar, pero a lo largo de la historia romana, siempre se mantuvo como una máquina de guerra disciplinada y profesional. Los soldados se entrenaban como en cualquier otro ejército desde el reclutamiento inicial, haciendo instrucción sobre armas y armaduras, marcha en formación y ejercicios tácticos. El régimen normal de entrenamiento consistía en gimnasia y natación, para mantener a los soldados en forma, lucha con armatura (armas de madera) para aprender y perfeccionar técnicas de combate, y largas marchas con equipamiento completo para fortalecer el aguante, fondo y acostumbrar a los soldados a la dureza de una campaña, que solían ser de 30 Km y repetirse al menos dos veces en el mes.

Los ejercicios de entrenamiento de combate consistían en atacar con un gladius de madera a un maniquí, también de madera, portando armadura completa. También combatían entre ellos con esas mismas armas. Los legionarios eran entrenados especialmente para lanzar estocadas desde el resguardo de sus grandes escudos (scutums) ya que eran conscientes de que una simple herida de 3 o 4 cm de profundidad podía causar la muerte; por eso enfatizaban las técnicas de apuñalamiento rápido en áreas vitales o entre los huecos de la armadura. 

En la columna de Trajano en Roma, se pueden ver imágenes de la época de soldados romanos combatiendo y les muestran con el pie izquierdo y el escudo adelantados, mientras el pie derecho se mantenía apoyado atrás y girado en ángulo recto hacia fuera. Esto indica un estilo de lucha parecido al boxeo, donde el escudo es utilizado para empujar y bloquear al enemigo mientras la espada, en la mano derecha, es utilizada para descargar el golpe de gracia. Otros ejercicios de entrenamiento enseñaban al legionario a arrojar los pila, obedecer órdenes y adoptar formaciones de combate.

Un legionario portaba por regla general unos 27 kilos, entre armadura, armas y equipo de campaña diverso. En el soldado de la Tardorrepublica y del Bajo Imperio, la carga consistía en la armadura, si bien la lorica segmentata (armadura de placas) tenía un peso mayor que la lorica hamata (cota de malla), la espada, un escudo, dos pila (uno más ligero y otro más pesado), el pugio o daga y raciones de campaña para quince días. También llevaban herramientas para cavar y construir un castra, o campamento fortificado base de la legión.

Cuando finalizaba el entrenamiento, los legionarios debían realizar un juramento de lealtad al SPQR (Senatus Populus Que Romanus) el Senado y el pueblo romano en época de la república, o bien al emperador en tiempos del Imperio. Cada soldado recibía un diploma y era enviado a combatir con su vida por la gloria y el honor de Roma.


03- MARCHA DE APROXIMACIÓN
Una vez la legión se hallaba en campaña, comenzaba la marcha. En general, el orden de marcha dependía mucho del tipo de resistencia que el comandante de la tropa pensara encontrar en el camino, variando desde el orden habitual que, por ejemplo, nos describe Josefo en sus "Guerras Judías" hasta la formación de un "orbis", una formación especial en el que la legión se dividía en sus respectivas centurias que formaban un cuadro.

En un caso de peligrosidad media, la aproximación al campo de batalla se llevaba a cabo en formación de varias columnas, que incrementaban la maniobrabilidad. Normalmente, un cuerpo de vanguardia bien armado precedía al cuerpo principal. Este cuerpo incluía exploradorescaballería y tropas ligeras. Un tribuno u otro oficial acompañaban frecuentemente a esta vanguardia para batir el terreno y buscar posibles lugares donde establecer un campamento.

También se desplegaban unidades de flanqueo y reconocimiento que servían de cobertura. Tras la vanguardia venía el cuerpo principal de infantería pesada. Cada legión marchaba como una formación compacta, acompañada de su propio tren de suministros. La última legión normalmente actuaba de retaguardia, aunque las unidades más recientes del ejército podían ocupar este escalón final.


04- CONSTRUCCION DE CAMPAMENTOS FORTIFICADOS
Las legiones en campaña normalmente construían campamentos fortificados completos, reforzados mediante empalizadas y un profundo dique, que proveían una base para el almacenamiento de suministros, reorganización de tropas y defensa. Los romanos construían un nuevo campamento cada vez que recorrían un día de marcha (alrededor de 30 km).

Los campamentos eran destruidos al día siguiente, antes de retomar la marcha. Además de una necesidad militar, representaban un simbolismo religioso. Existían cuatro puertas de acceso, conectadas por dos arterias principales, que se cruzaban en el centro del campamento, lugar donde se encontraban las tiendas de mando. Del mismo modo, se respetaba un espacio para la construcción de un altar donde poder llevar a cabo los oficios religiosos. 

Todo se hallaba estandarizado, desde la posición del equipaje, equipamiento y unidades del ejército específicas, hasta los deberes de los oficiales que debían distribuir centinelas, piquetes y órdenes para la marcha del próximo día. La construcción del campamento llevaba entre 2 y 5 horas, durante las cuales parte del ejército trabajaba, mientras el resto montaba guardia, dependiendo de la situación táctica. Ningún otro ejército mantenía durante tanto tiempo este método sistemático de construcción de campamentos, incluso si el ejército descansaba por sólo un día.


05- INTELIGENCIA
Los buenos comandantes romanos no dudaban en utilizar un servicio de inteligencia, particularmente en situaciones de asedio o cuando se avecinaba un combate campal. Recababan información de espías, colaboradores, embajadores y enviados especiales, y aliados. Mensajes interceptados durante la Segunda Guerra Púnica, por ejemplo, permitieron a los romanos enviar a dos ejércitos a interceptar al ejército cartaginés de Asdrúbal Barca pasados los Alpes, evitando que se reuniera con Aníbal.

Los comandantes también se mantenían alerta a la situación en Roma, dado que enemigos y rivales políticos podían utilizar una campaña poco exitosa para infligir un golpe a la carrera de un oficial. Durante esta fase inicial también se llevaba a cabo el habitual reconocimiento de campo, por medio de patrullas o incursiones de prueba, que tenían el objetivo de descubrir puntos débiles en el frente enemigo, capturar prisioneros e intimidar a los habitantes de la zona.


06- LOGÍSTICA
La logística romana resultó la más efectiva del mundo antiguo, a lo largo de los siglos: desde el despliegue de agentes comerciales para comprar provisiones de forma sistemática durante una campaña, hasta la construcción de carreteras y almacenes de suministros, pasando por el alquiler de transporte marítimo si las tropas debían viajar sobre las aguas.

Todo el equipamiento y material pesado (tiendas, artillería, armamento de reserva, piedras de afilar, etc) era empaquetado y transportado por animales y carros, mientras las tropas llevaban consigo petates individuales, que incluían palas y bastones para construir los campamentos fortificados.

Como el resto de ejércitos, aprovechaban las oportunidades puntuales, y los campos sembrados de aquellos granjeros lo bastante desafortunados como para encontrarse cerca del área de conflicto solían ser esquilmados para satisfacer las necesidades del ejército. Como ocurre con la mayoría de las fuerzas armadas, un tropel de comerciantes, buhoneros, prostitutas y otros proveedores de diversos servicios les seguía a todas partes.


07- DESPLIEGUE/MANIOBRABILIDAD DE LA LEGIÓN

07.01- La "línea triple" o triplex acies:
Las maniobras previas a la batalla permitían a los comandantes enfrentados apreciar cómo sería el combate que se avecinaba, pero el momento exacto en que estallara y el resultado final del mismo podían resultar impredecibles. Las escaramuzas podían descontrolarse, terminando con ambas fuerzas lanzándose una contra la otra. Consideraciones políticas, escasez de suministros, o incluso rivalidad entre comandantes en busca de gloria podía desatar también un ataque frontal, como ocurrió en la batalla del Trebia.

07.02- Disposición de la línea triple:
Una vez la maquinaria había comenzado a rodar, la infantería romana era por regla general desplegada, como cuerpo principal, de frente al enemigo. Durante el despliegue en la era romana, los manípulos se disponían comúnmente en triplex acies (triple orden de batalla): es decir, en tres niveles, con los asteros o asteros en primera fila (la más cercana al enemigo), los príncipes en segunda, y los veteranos triarios en la tercera y última, en posición de rodillas, para que no se lanzaran de improviso al fragor de la batalla, o, en ocasiones, incluso más atrás como reserva estratégica. 

Cuando se sufría una derrota, la primera y segunda línea (príncipes y "hastatos") retrocedían hasta los triarios para recomponer las líneas y efectuar un contraataque o retirada organizada. Dado que retroceder hasta los triarios era una medida desesperada, la frase "bajar a los triarios" (ad triarios rediisse) se convirtió en una frase típica romana para referirse a una situación desesperada.

Con este sistema de triplex acies, escritores romanos contemporáneos hablan de manípulos que adoptaban la formación de damero llamada quincunx cuando eran desplegados para la batalla pero antes de entrar en combate. En la primera línea, los asteros dejaban huecos equivalentes en tamaño al área de intersección entre dos manípulos. La segunda línea consistía en príncipes dispuestos de manera similar, alineados tras los huecos dejados por la primera línea. Esto mismo hacía la tercera línea, que se colocaba entre los huecos de la segunda línea. Los vélites se disponían aún más adelante, en una línea continua y poco compacta.

La maniobra romana era compleja, se mezclaba con el polvo de miles de soldados posicionándose, y el griterío de oficiales que se desplazaban entre líneas intentando mantener el orden. Varios miles de hombres debían reorganizarse de una formación en columna a otra de línea, con cada unidad ocupando su lugar designado, junto a tropas ligeras y caballería. Los campamentos fortificados se disponían y organizaban para facilitar el despliegue. La colocación inicial podía llevar algo de tiempo, pero una vez llevada a cabo representaba una fuerza de combate formidable, normalmente dispuesta en tres líneas con un frente tan extenso que llegaba a ocupar más de un kilómetro y medio.

El despliegue en tres líneas sería mantenido a los largo de los siglos, aunque las reformas marianas retiraron paulatinamente la mayoría de las distinciones basadas en edad y clase, estandarizaron el armamento y reorganizaron las legiones en unidades mayores de maniobra como cohortes. El tamaño total del ejército y duración del servicio militar se incrementaron sobre una base más permanente.

07.03- Maniobrabilidad de la línea triple:
Mientras el ejército se aproximaba al enemigo, los vélites al frente lanzaban sus jabalinas contra las líneas rivales, y retrocedían por los huecos entre las líneas de asteros. Esto aportaba una importante innovación, dado que en otros ejércitos de la época los escaramuzadores debían retirarse entre las filas de su ejército, causando confusión; o bordeando sus propios flancos. Una vez los vélites se retiraban tras los asteros, la centuria "posterior" marcharía hacia la izquierda y adelante, presentando así una línea sólida de combate. El mismo procedimiento se empleaba a medida que los vélites llegaban a la segunda y tercera línea, o bien éstos se retiraban a los lados para canalizar el hueco existente entre la primera y segunda líneas en ruta, para ayudar en la cobertura de los flancos de la legión.

En este punto, la legión presentaba una línea sólida frente al enemigo, con lo que se encontraba en la formación idónea para el choque. Cuando el enemigo se aproximaba, los asteros cargaban. Si estuvieran perdiendo terreno, la centuria 'posterior' regresaría a su posición re-creando los huecos. Entonces, los manípulos retrocederían a través de ellos hacia los príncipes, que seguirían el mismo procedimiento de formar una línea de batalla y cargar. Si los príncipes no eran capaces de romper las líneas enemigas, se retirarían tras los triarios, y el ejército al completo dejaría el campo de batalla en orden y concierto.

El sistema manipular permitía enfrentarse a cualquier tipo de enemigo, incluso en terreno accidentado, pues otorgaba flexibilidad y consistencia a la legión de acuerdo al despliegue de sus líneas. La carencia de un cuerpo de caballería poderoso, sin embargo, representaba una gran desventaja para las fuerzas romanas.

En el ejército tardío imperial, el despliegue general era muy similar: las cohortes se desplegaban en un patrón quincunx. Como reflejo de la colocación inicial de los veteranos triarios en retaguardia, las cohortes menos experimentadas (normalmente la 2ª, 3ª, 4ª, 6ª y 8ª) se disponían en vanguardia; las cohortes más veteranas (1ª, 5ª, 7ª, 9ª y 10ª) se colocaban tras las primeras.

07.04- Ventajas de la línea triple:
Algunas fuentes antiguas como Polibio parecen dejar implícito que las legiones podían luchar con huecos entre sus líneas. Sin embargo, la mayoría de las fuentes parecen admitir que era más común formar una línea compacta que ofreciera un frente sólido. Se han tomado varias aproximaciones para reconciliar estas ideas con los escritos antiguos. Las ventajas de los huecos son obvias cuando una formación está en marcha: puede fluir más cómodamente esquivando obstáculos y mejora la maniobrabilidad y el control. Tal y como los romanos hacían en tiempos de la República, posicionar equipajes entre las líneas, de modo que la carga no era fácilmente capturada y el ejército podía disponerse con rapidez para la batalla utilizando éstos como cobertura.

Cuando la marcha de aproximación finalizaba, sería muy difícil desplegar un ejército ileso en cualquier terreno que no fuera totalmente llano, sin algún tipo de intervalo. Muchos ejércitos antiguos utilizaban huecos de algún tipo, incluso los cartagineses, que replegaban a sus escaramuzadores a través de esos espacios antes de que comenzara el combate principal. Incluso otros ejércitos más desorganizados como los germanos cargaban en grupos diferenciados con pequeños huecos entre líneas, en lugar de marchar en línea.

Luchar con discontinuidades en la línea es posible, por tanto, tal y como aseguran escritores como Polibio. Lo que, de acuerdo a aquellos que defienden que la formación de quinqux era la principal matriz de falange romana, hizo que la táctica romana destacara, era que sus intervalos eran por regla general más grandes y sistemáticamente organizados que los de otros ejércitos de la Antigüedad. Cada hueco era cubierto por manípulos o cohortes de líneas posteriores.

Cualquier penetración de importancia no ocurriría sin más: no sólo sería golpeada lateralmente cuando cruzara el nivel de la primera línea, sino que sería recibida por unidades agresivas avanzando para cubrir el espacio. Desde una visión más general, a medida que la batalla ganaba o perdía intensidad, nuevas unidades de refresco se desplegarían a través de los intervalos para relevar a los soldados de primera línea, permitiendo una presión continua hacia adelante.

Un escenario posible para no utilizar huecos es un campo de batalla de espacio limitado, como una colina o garganta, donde es imposible expandirse sin límite. Otro podría ser una formación de ataque determinada, como la flecha discutida más arriba, o un movimiento envolvente como el de la batalla de Ilipa. Otro podría ser una maniobra de cierre, cuando se construye una línea sólida para efectuar un último empujón final, como ocurrió en la batalla de Zama

En el clamor de la batalla también era posible que, a medida que las unidades se fusionaban en línea, el espacio de tablero se comprimiera o incluso desapareciera, y un espectador vería una línea más o menos sólida combatiendo al enemigo. En los ejércitos de Julio César, la utilización del quincunx y sus espacios parecía haber declinado, y sus legiones generalmente se disponían en tres líneas compactas como se muestra más arriba, con cuatro cohortes al frente, y tres de manera escalonada. Esta formación seguía siendo flexible, sin embargo, y seguía utilizando huecos y adoptando una o dos líneas de acuerdo a las necesidades tácticas.

Otra característica única de la infantería romana era la profundidad de su espaciado. La mayoría de los ejércitos antiguos se desplegaban de forma más superficial, particularmente las tropas de falange. Las falanges podían incrementar su profundidad para añadir aguante y poder de choque, pero su aproximación general seguía favoreciendo una línea maciza, en contraposición con la disposición de tres líneas romana. La ventaja principal del sistema romano consistía en la proyección del poder de ataque hacia adelante continuamente, durante un periodo mayor de tiempo - renovando constantemente la presión en el frente - hasta que se rompía la línea enemiga.

El momento en que enviar al combate a la segunda y tercera líneas requería cuidadosa deliberación por parte del comandante romano: si se lanzaban demasiado pronto, podían verse envueltas en la lucha frontal y terminar exhaustas. Si, por el contrario, se desplegaban demasiado tarde, podrían ser barridas por la primera línea en retirada cuando comenzara a romperse. Había de mantenerse un estricto control, de ahí que la tercera línea (los triarios) fuera en ocasiones ordenada arrodillarse o acuclillarse, evitando así que acudieran al frente de forma prematura. 

El comandante romano se encontraba constantemente en movimiento, de un lugar a otro, y a menudo cabalgando a retaguardia en persona para guiar a los refuerzos, si no había tiempo para mandar un mensajero. El gran número de oficiales en el ejército típico romano, y la subdivisión flexible en unidades más pequeñas como cohortes o manípulos, ayudaba en gran medida a la coordinación de estos movimientos.

Fuera cual fuese la formación adoptada, sin embargo, la presión continua del combate hacia el frente se efectuaba de modo constante: Cuando la primera línea como un ente único había hecho su labor, y se veía debilitada y exhausta por las bajas, permitía el relevo de fuerzas de refresco procedentes de la segunda quienes, cruzando a través de la primera gradualmente, presionaban hacia el frente uno a uno, o en conjunto, abriéndose hueco hacia la lucha de este modo. 

Mientras tanto, los soldados cansados de la primera línea, cuando recuperaban fuerzas, se reorganizaban y volvían al combate. Este proceso se repetía hasta que todos los hombres de la primera y segunda líneas habían entrado en combate, lo que no necesariamente implicaba una retirada de la primera línea, sino más bien una fusión, mezcla o cohesión de ambas. De este modo, el enemigo no tenía descanso y era enfrentado incesantemente por tropas frescas hasta que, agotado y desmoralizado, cedía ante los repetidos ataques.

07.05- Órdenes tácticas tras el despliegue:
El ejército romano tenía una marcada flexibilidad, disciplina y cohesión. Se asumían diferentes formaciones de acuerdo a diferentes situaciones tácticas.

                Repellere equites ("repeler caballos"): era la formación utilizada para resistir las cargas de caballería. Los legionarios asumían una formación en cuadro, sosteniendo sus pila como lanzas en el hueco entre dos escudos, y se dispondrían hombro con hombro.
                A la orden eicere pila ("lanzar pila"): los legionarios arrojaban sus pila al enemigo.
                A la orden cuneum formate ("formad en flecha"): la infantería formaba una flecha para cargar y romper la línea enemiga. Esta formación se utilizaba como táctica de choque.
                A la orden contendite vestra sponte ("Enfrentaos a vuestro rival"): los legionarios asumían disposición agresiva y atacaban a cualquier rival que se les opusiera.
                A la orden orbem formate ("formad en orbe"): los legionarios asumían una formación circular, con los arqueros situados en el centro y tras los legionarios, suministrando fuego de cobertura. Esta táctica se utilizaba principalmente cuando un pequeño destacamento debía mantener una posición y se hallaba rodeado de enemigos.
                A la orden ciringite frontem ("Mantener el frente"): los legionarios mantenían la posición.
                A la orden frontem allargate ("ensanchad el frente"): los legionarios se dispersaban en una formación más suelta. Esta orden se utilizaba principalmente cuando recibían fuego de misiles enemigo durante una carga.
                A la orden testudinem formate ("formad en tortuga"): los legionarios adoptaban la formación en testudo o tortuga. Se movía lentamente pero resultaba prácticamente impenetrable al fuego enemigo, y por tanto muy efectiva durante asedios o cuando se enfrentaban a un copioso fuego enemigo. Sin embargo, resultaba una formación débil para el combate cuerpo a cuerpo, por lo cual sólo se adoptaba cuando el enemigo se hallaba lo suficientemente lejos para que los legionarios tuvieran tiempo de recomponer la formación antes de recibir la carga rival.
                A la orden agmen formate ("formad en cuadro"): los legionarios se disponían en cuadro, formación más común de una centuria durante la batalla.


08- COMBATE DE CAMPO Y UTILIZACIÓN DE MÁQUINAS DE GUERRA
Una vez finalizado el despliegue y escaramuzas iniciales descritos anteriormente, el cuerpo principal de infantería pesada cerraba los huecos y atacaba al unísono. Las primeras filas normalmente lanzaban sus pila, y las siguientes alzaban las suyas sobre las cabezas de los primeros. Si el lanzamiento de una jabalina no causaba la muerte o hería a un oponente, se doblaba, haciéndola inutilizable por sus enemigos. 

Tras el lanzamiento, los soldados desenvainaban sus espadas y se lanzaban contra el enemigo. Se hacía especial énfasis en la utilización del escudo para suministrar la máxima cobertura del cuerpo, mientras se atacaba la parte expuesta del cuerpo del enemigo. En el combate consiguiente, la disciplina romana, el pesado escudo, armadura y entrenamiento les otorgaba especial ventaja.

08.01- El "shock" del combate:
Algunos sabios de la infantería romana mantienen que el intenso trauma y estrés del combate cuerpo a cuerpo implicaba que los contendientes no se golpeaban uno al otro continuamente hasta que uno caía. En lugar de ello, existían cortos periodos de lucha frenética. En momentos de indecisión, los contendientes podían separarse una corta distancia para tomar aliento, y acelerarse de nuevo hacia delante para retomar el duelo. Otros soldados detrás ocuparían el hueco, enfrentándose a nuevos enemigos o cubriendo a sus compañeros.

Un guerrero individual podía, por tanto, contar con un alivio momentáneo, en lugar de una interminable lucha a muerte o hasta quedar incapacitados de una grave herida. Con el progreso de la batalla, el estrés físico y mental se intensificaba. El aguante y fuerza de voluntad requería una nueva carga, que llevaba consigo un ataque más frenético y desesperado.10 Eventualmente un bando comenzaría a romperse, momento en el cual comenzaba la auténtica masacre.

08.02- Utilización de máquinas de guerra y fuego de cobertura:
Muchas batallas romanas, especialmente durante el Imperio tardío, contaban con fuego de preparación procedente de onagros y balistas. Estas máquinas constituían un rudimentario cuerpo de artillería, disparaban grandes flechas y piedras sobre las formaciones enemigas (aunque muchos historiadores se cuestionan la efectividad real de dichas armas). Siguiendo esta barrera de proyectiles, avanzaba la infantería romana, en cuatro líneas, hasta que se encontraban a treinta metros del enemigo. En ese momento, se detenían, enarbolaban sus pila y cargaban.

Si la primera línea era rechazada por el enemigo, una nueva línea ocuparía su lugar rápidamente. A menudo, esta rápida secuencia de ataques mortales, comparable a olas rompiendo contra la costa, se convertía en clave para conseguir la victoria. Otra táctica común consistía en provocar al enemigo con cambios prefijados y misiles rápidos de los auxiliares equites (caballería auxiliar), que forzaban al ejército rival a perseguirles. En este momento podían ser arrastrados a una emboscada, donde sufrirían el contraataque de caballería e infantería pesada romanas.
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09- TÉCNICAS DE ASEDIO Y FORTIFICACION DE CAMPO
De oppido expugnando ("sitiando ciudades") era una táctica utilizada cuando los romanos efectuaban un asedio. Se dividía en tres fases:

09.01- Fases del asedio:
En la primera fase, los ingenieros (cohors fabrorum) construían un campamento fortificado cerca de la ciudad, con muros de contravallatum y torres de vigía (turres extruere) para evitar que penetraran refuerzos enemigos. En ocasiones, se construían muros de circunvalación alrededor del perímetro de la ciudad, como Julio César hizo en la batalla de Alesia. También podían recurrir a minas bajo los muros enemigos.

La segunda fase comenzaba con fuego de onagros y balistas, que pretendía cubrir la aproximación de las torres de asedio, llenas de legionarios dispuestos a asaltar los muros de la ciudad. Entretanto, otras cohortes se aproximaban a las murallas en formación de tortuga, portando escalas y arietes, destinados a forzar las puertas y escalar los muros de la ciudad.

La tercera fase incluía la apertura del portón principal de la ciudad por parte de las cohortes que habían conseguido penetrar en la ciudad o escalar las murallas, si el ariete no había conseguido derribar las puertas. Una vez se abría la puerta principal o se desplomaba una sección de muralla, la caballería y el resto de cohortes entraban en la ciudad para acabar con los defensores restantes.

09.02- Fortificaciones de campo:
Mientras que poderosas ciudades y fuertes, junto a asedios elaborados para capturarlas, eran algo común en el mundo antiguo, los romanos eran únicos entre los ejércitos de la época en utilizar de forma masiva fortificaciones de campo. Campaña tras campaña, se gastaba un tremendo esfuerzo para cavar - un trabajo realizado por el legionario raso. Su equipo de campo incluía una pala, una dolabra o pico, y una canasta para depositar la suciedad. Algunos soldados llevaban también una especie de cortacésped. Con este equipo cavaban trincheras, construían muros y empalizadas y tendían carreteras de asalto. 

Son bien conocidas las operaciones de Julio César en Alesia. El campamento de César rodeaba la ciudad gala, construido con murallas dobles macizas que mantenían en el interior de la ciudad a los defensores, y evitaban la llegada de refuerzos. Una red de campamentos y fuertes se veían incluidos en estos trabajos. La trinchera interior por sí sola tenía una profundidad de 20 pies (6,096 m), y César reencauzó un río para llenarla de agua. El terreno fue cubierto con alambre de hierro en varios lugares para disuadir a los galos de intentar un asalto. Sorprendentemente para una batalla tan centrada en la infantería, César confiaba en un fuerte contingente de caballería para contrarrestar las salidas galas. Irónicamente, muchos de estos jinetes procedían de tribus germánicas con las que el triunviro se había reconciliado poco tiempo antes.

El poder de las fortificaciones romanas de campo ya ha sido mencionado pero, en otras ocasiones, los romanos utilizaban trincheras para asegurar sus flancos contra un movimiento envolvente, si eran superados ampliamente en número, como hizo César durante sus operaciones en la Galia belga. En la región de Bretaña, fueron construidos diques y rompeolas para asaltar los fuertes costeros galos. También se utilizaron zanjas, trincheras enfrentadas, y otros trabajos en las luchas internas entre César y Pompeyo, mientras los oponentes maniobraban uno contra otro en batalla campal.

En los últimos tiempos del Imperio, la utilización extensiva de estas fortificaciones declinó, paralelamente a la utilización de la infantería pesada. De cualquier modo, representaron un punto de inflexión para la ascensión incansable de Roma como poder hegemónico en el mundo antiguo.


10- TÁCTICAS DE INFANTERIA
10-01- Infantería romana contra falange helénica:
Previamente al ascenso de Roma, la falange helénica representaba la principal fuerza de infantería del mundo occidental. Se había convertido en dueña y señora de los campos de batalla desde Esparta a Macedonia, enfrentándose con éxito a otros ejércitos extraeuropeos como los de Persia o India. Unida en una masa acorazada, y equipada con grandes sarissas de 12 a 21 pies (6,4008 m) de longitud, la falange resultaba una fuerza formidable. 

Aunque en ocasiones adoptaba configuración defensiva, la falange era más efectiva cuando se hallaba en movimiento hacia el frente, bien en una combate frontal, o en orden oblicuo (escalonado) contra un flanco enemigo. Combinada con otras formaciones - infantería ligera y caballería - resultaba, en tiempos de Alejandro, imbatible.

No obstante, la falange poseía debilidades clave. Disponía de cierta maniobrabilidad, pero una vez se producía el choque ésta se veía reducida en gran manera, particularmente en terreno accidentado. Su aproximación en "masa densa" la convertía asimismo en una formación rígida. Comprimidas en el clamor de la batalla, sus tropas podían únicamente luchar de forma frontal. La diversidad de tropas daba a la falange una gran flexibilidad, pero esta misma flexibilidad se convertía en un arma de doble filo: confiaba en una mezcla de unidades complicada de controlar y posicionar. Esto incluía no sólo la infantería pesada típica, caballería e infantería ligera, sino también unidades de élite, grupos medianamente armados y contingentes extranjeros con su propio estilo de lucha, así como unidades de choque de elefantes de guerra.

Para cuando los romanos se enfrentaban a los ejércitos helenísticos los griegos habían dejado de utilizar tropas de protección en los flancos y contingentes de caballería, y su sistema de combate había degenerado en un mero choque de falanges.

Los propios romanos utilizaban ciertos aspectos de la falange en sus legiones tempranas, de una manera notable la última línea de guerreros de la clásica línea triple: los lanceros triarios. Las largas picas de los triarios eventualmente desaparecieron, y todos los legionarios fueron equipados de manera uniforme con gladiusscutum y pilum, y desplegados al distintivo modo romano, que proveía una mayor estandarización y cohesión a largo plazo contra las formaciones de estilo helénico.

Las falanges que se enfrentaban a la legión resultaban vulnerables al despliegue en tablero romano, más flexible, que permitía a cada luchador un cierto espacio vital donde enfrentarse cuerpo a cuerpo al enemigo en orden cerrado. El sistema manipular también permitía a unidades completas maniobrar de un modo más amplio, libres de la necesidad de permanecer siempre empaquetados en una formación rígida. La profundidad del despliegue en triple línea ejercía una presión constante y hacia adelante. 

La mayor parte de las falanges utilizaban una línea enorme de varios rangos de profundidad. Esto podía resultar ventajoso en las primeras fases del combate, pero a medida que más y más hombres se veían envueltos en la batalla, la formación modular romana permitía relevos en la presión que se imponían en una línea más amplia. A la par que el combate se alargaba y se comprimía el campo de batalla, la falange quedaba agotada o inmovilizada en posición, mientras los romanos podían no sólo maniobrar sino realizar los últimos y definitivos ataques.

Las técnicas de ruptura de falanges enemigas ilustran con mayor detalle la flexibilidad del ejército romano. Cuando se enfrentaban a ejércitos falangistas, las legiones solían desplegar a los vélites frente al enemigo con la orden contendite vestra sponte, para causar confusión y pánico en los sólidos bloques de la falange. Mientras, los sagittarii o arqueros auxiliares se situaban en las alas, frente a la caballería, para cubrir la retirada de los vélites. Estos arqueros generalmente recibían la orden de eiaculare flammas - lanzar flechas incendiarias - como ocurrió en la batalla de Benevento. Las cohortes avanzaban entonces en formación de flecha, apoyados por el fuego de vélites y auxiliares, y cargaban sobre la falange en un punto concreto, rompiendo su formación. Después, la flanqueaban utilizando la caballería para asegurar la victoria.

10.02- Infantería romana contra pueblos celtas, iberos y germánicos:
Las vistas sobre los enemigos galos de Roma han cambiado mucho. Varios historiadores antiguos los consideran salvajes retrógrados, destructores sin escrúpulos de la civilización y gloria de Roma. Algunas visiones más modernas les ven como una luz proto-nacionalista, luchadores ancestrales por la libertad que resistían el pie acorazado del imperio.

La oposición gala se componía de un gran número de gentes y pueblos diversos, que iban geográficamente desde los valles de Francia a los bosques del Rin, pasando por las montañas de Helvecia; de tal modo que es complicado categorizarles de forma homogénea. El término "galo" ha sido utilizado indistintamente para nombrar a las tribus célticas de Britania y Caledonia, añadiendo más diversidad a las gentes agrupadas bajo este apelativo.

Desde un punto de vista militar, parecían sin embargo compartir varias características generales: políticas tribales con una estructura de estado relativamente escasa y poco elaborada, armamento ligero, tácticas poco sofisticadas, escasa organización, alto grado de movilidad, e incapacidad de mantener poder de combate en sus fuerzas de campo durante un largo período.

Fueron estas tribus germánicas en parte (la mayoría tenían cierta familiaridad con Roma y su cultura, y se habían romanizado ellas mismas) quienes provocaron la ruina final del poder militar romano en el oeste. Irónicamente, en las postrimerías del Imperio, la mayor parte de los combates se producían entre fuerzas compuestas mayoritariamente por bárbaros, en ambos bandos.

10.03- Problemas tácticos al combatir contra fuerzas celtas y germánicas:
Cualquiera que fuese su cultura en particular, las tribus celtas y germánicas probaron ser oponentes duros, que consiguieron varias victorias contra sus enemigos. Algunos historiadores muestran que a veces se producían combates masivos en formaciones compactas al estilo falangista, solapando los escudos, y utilizando cobertura de escudos durante asedios. En batalla campal, ocasionalmente utilizaban una formación de flecha al atacar. Su mayor esperanza de éxito radicaba en cuatro factores principales:

1.             Superioridad numérica.
2.             Factor sorpresa (una emboscada).
3.             Mediante un ataque relámpago.
4.             Entrando en combate en terreno boscoso o irregular, donde las unidades de horda podían buscar refugio mientras atacaban a distancia, hasta que llegaba el momento decisivo, o si era posible, retirándose y reagrupándose en cargas sucesivas.

Las victorias celtas y germánicas más significativas muestran dos o más de estas características. La clásica batalla del Bosque de Teutoburgo contiene las cuatro: sorpresa, traición por parte de Arminio y su contingente, superioridad numérica, rápidas cargas de acercamiento, y terreno y condiciones medioambientales favorables (bosque espeso y chaparrones constantes) que limitaron el movimiento romano y dieron a los guerreros suficiente cobertura para ocultar sus movimientos y montar ataques sucesivos contra la línea romana.

Contra los legionarios, sin embargo, los celtas se enfrentaban a una tarea desalentadora. Individualmente, en combate singular, el feroz guerrero celta podía probablemente hacer algo más que defenderse contra un romano.31 En combate masivo, por el contrario, la rudimentaria organización y tácticas célticas resultaban un pobre adversario para la máquina militar romana. La fiereza de las cargas celtas es a menudo mencionada por los historiadores, y en ciertas circunstancias podía llegar a desbordar la línea romana. No obstante, la profunda formación romana permitía realizar ajustes, y la presión constante al frente convertía un largo combate en algo muy arriesgado para los celtas. Gracias a su brillante disciplina, moral y entrenamiento, los romanos eran capaces de derrotar a ejércitos celtas que les superaban ampliamente en número.

Aunque atacaran por los flancos, la legión era lo suficientemente flexible para pivotar y oponer frontalmente, si no todo, al menos una parte del ejército, bien mediante submaniobras o repliegue de líneas. La pantalla de caballería en ambas alas añadía una capa extra de seguridad. Los celtas y germanos luchaban, asimismo, con poca o ninguna armadura (a veces incluso desnudos) y utilizaban escudos de madera o cuero, más endebles que los romanos.

En efecto, el scutum romano tiene una gran ventaja sobre el galo en defensa, y el gladius para maniobrar y apuñalar en ataque. Por el contrario, la espada gala sólo sirve para cortar. La única diferencia [entre galos y romanos] individualmente o como colectivo, consistía en sus armas y armaduras.

En la misma línea, ni celtas ni germanos prestaban atención a la logística a largo plazo. En general, necesitaban conseguir una posición muy ventajosa de inicio contra los romanos y romper sus líneas cuando la batalla se encontrara aún en fase temprana. Un combate en similitud de condiciones entre los guerreros tribales ligeramente armados, y los bien organizados y armados legionarios, a menudo implicaba la fatalidad para aquéllos.

No obstante lo anterior, los celtas mostraron un alto grado de poder táctico en algunas áreas. Los carros de guerra celtas, por ejemplo, mostraron un alto grado de integración y coordinación con la infantería. Los celtas aparentemente utilizaban carros con un conductor y un guerrero de infantería ligera, armado con jabalinas. Durante el choque, el carro dejaría al infante en tierra y se retiraría a cierta distancia, en reserva. Desde esta posición podía recoger a las tropas de asalto si las cosas se ponían feas, o recogerles y llevarlos a algún otro lugar. A pesar de ello, los carros resultaban un arma cara y frágil y, para el siglo III a. C., se habían convertido en un arma escasamente utilizada en detrimento de la caballería.

10.03- Guerrilla celtibérica:
La zona de conflicto ibérica. Los pueblos celtíberos emprendieron una lucha obstinada contra la hegemonía romana. Lucharon continuamente en la Península Ibérica, con varios niveles de intensidad, durante más de dos siglos. Hispania había sido conquistada por los cartagineses, que lucharon contra distintas tribus para crear colonias y un imperio comercial, principalmente costero. Las derrotas cartaginesas a manos de Roma enfrentaron a los locales a un nuevo poder colonial. 

Tribus como los ilergetessuesetanosvacceos o lusitanos de Viriato opusieron una dura resistencia a la dominación romana. La Guerra Lusitana y la Guerra Numantina son sólo ejemplos del prolongado conflicto, que se extendió a lo largo de 20 décadas de la historia romana. El conflicto se prolongó con las Guerras Sertorianas. La subyugación total no fue conseguida hasta el Imperio, en época de Octavio Augusto. La eterna e implacable contienda convirtió a Hispania en un lugar ominoso para los soldados romanos.  

Roma utilizó sus métodos estándar, con especial énfasis en tropas ligeras, combinadas con caballería e infantería pesada para enfrentarse a las tácticas de movilidad o guerrilla utilizadas por los iberos. Los castri fortificados resultaban un importante añadido a la hora de proteger a las tropas, y actuar como centros de operaciones. Aunque el resultado de un combate a campo abierto era dudoso, los romanos desempeñaron su labor bastante bien cuando asediaban ciudades iberas, eliminando de manera sistemática a los líderes enemigos, bases de suministro y focos de resistencia.

La destrucción de recursos ibéricos por medio de la quema de campos de grano o demolición de poblados ejerció una fuerte presión sobre la población nativa. Las operaciones de Escipión durante la Guerra Numantina ilustran estos métodos, lo que incluía una vigilancia constante y una radicalización en la disciplina legionaria.
Otras tácticas romanas incluían la esfera política, como los tratos de "pacificación" de Graco, traición y engaños, como en las masacres de los líderes tribales llevadas a cabo por Lúculo y Galba bajo la patraña de negociación. Roma confiaba a menudo en dividir internamente las tribus. Utilizaba en este sentido una estrategia de "divide y vencerás", con tratos competitivos (y en ocasiones poco sinceros) negociando el aislamiento de ciertas facciones, y utilizando tribus aliadas para subyugar a otras.

Mientras luchaban por su autonomía y supervivencia, las tribus ibéricas utilizaban ciudades fortificadas o fuertes para defenderse contra sus enemigos, lo que combinaban con una guerra de movilidad que variaba desde grandes unidades comprendiendo miles de hombres a pequeñas bandas de guerrilleros. Los jinetes celtíberos eran superiores en habilidad a los romanos, un hecho probado años antes con el papel clave que jugó dicha caballería en las victorias de Aníbal. La libertad de movimientos y conocimiento del terreno ayudaron a las tribus en gran medida.

Varios historiadores han elogiado la calidad de las armas ibéricas, como la conocida falcata o la lanza de una sola pieza llamada por los romanos soliferreum, asimilable al pilum. También utilizaron otras más ingeniosas como la falárica, a medio camino entre lanza y arma incendiaria. El escudo utilizado por las tropas ligeras, conocido como caetra era de un tamaño más pequeño y manejable, lo que les otorgaba una razonable defensa al mismo tiempo que una gran movilidad al utilizar tácticas de guerrilla.

Victoria por guerra de desgaste. A pesar de ello, como ocurrió en sus batallas contra otros pueblos, la tenaz persistencia romana, mayores recursos y mejor organización sometió a sus oponentes con el tiempo. Este aspecto "agotador" de la aproximación romana contrasta con la noción de mandos brillantes tan a menudo retratadas en relatos populares sobre la infantería romana. Al lado de líderes capaces como los Escipiones o los Gracos, el rendimiento romano en general fue mediocre, comparado con el desarrollado contra los púnicos y otros pueblos.

En Hispania, se enviaron constantemente recursos para curar la herida abierta hasta que ésta terminó cerrándose, 150 años más tarde: una lenta, y ácida contienda de marchas eternas, asedios y luchas constantes, tratos rotos, poblados ardiendo y esclavos capturados. Mientras el Senado Romano y sus sucesores siguieran dispuestos a reemplazar y gastar más personal y materiales década tras década, la victoria podía ser conseguida mediante una estrategia de agotamiento.Tal patrón formaba una parte integral de la "forma romana" de hacer la guerra.

10.04- Infantería romana contra caballería enemiga:
La caballería de sus enemigos representó uno de los más duros retos a los que hubo de enfrentarse la infantería romana. La combinación de ataque a distancia y fuerza de choque, con una gran movilidad, que representaba la caballería, se aprovechaba de las principales debilidades de la legión: su despliegue y movimientos relativamente lentos.

Una demostración más dramática incluso de la vulnerabilidad romana se muestra en las numerosas guerras contra los partos y su caballería pesada. Los partos y sus sucesores utilizaban grandes números de jinetes arqueros, con armadura ligera y rápidos caballos, para acosar y escaramuzar con el enemigo, y daban el golpe de gracia con lanceros acorazados conocidos como "catafractos". Ambos tipos de tropas utilizaron poderosos arcos compuestos que lanzaban flechas con la potencia suficiente para perforar las armaduras romanas. Los catafractos servían entonces como tropas de choque, que cargaban con la fuerza de un ariete contra las filas romanas, una vez se habían "ablandado" tras los enjambres de flechas. Al mismo tiempo, utilizaron una estrategia de "tierra quemada" contra los romanos, rehusando las grandes batallas campales, mientras les atraían más y más a terreno desfavorable, donde escaseaban sus suministros y no disponían de una línea de retirada segura.

Utilización de armas combinadas para enfrentarse a la caballería con éxito. Atacaba a los jinetes asiáticos con destacamentos de infantería ligera, escaramuzadores y arqueros, y los expulsaba del campo de batalla mediante cargas de su caballería pesada. La variante romana utilizaba esta misma aproximación de "armas combinadas", dando mayor importancia al papel de la infantería. En épocas tardías, sin embargo, creció la importancia y número de la caballería: en particular, la mitad oriental del Imperio confiaría casi por completo en sus fuerzas de caballería.

Aún en el mediodía del soldado de a pie, se desplegaban grandes unidades de escaramuzadores ligeros con las legiones, para interceptar a los rápidos jinetes a una distancia razonable. La caballería romana desempeñaba un rol importante, consistente en "apantallar" a la fuerza principal, interceptando destacamentos enteros de jinetes merodeadores. Utilizando estos apoyos, las pesadas legiones eran capaces de entrar en contacto con la caballería enemiga.


11- FACTORES PRINCIPALES PARA EL ÉXITO ROMANO
Eran capaces de copiar y adaptar las armas y métodos de sus enemigos de forma eficiente. Algunas armas, como el gladius hispanicus fueron adoptados por los legionarios si resultaban más efectivos que su propio armamento. En otros casos, era posible que los romanos invitaran a enemigos especialmente duros o peligrosos a servir en el ejército romano, como auxiliares. En la esfera naval, los romanos siguieron varios de los métodos utilizados por la infantería, abandonando sus viejos diseños, copiaron y evolucionaron la trirreme púnica (mediante el corvus entre otros detalles estructurales), convirtiendo las batallas navales en combates de infantería sobre cubierta.

La organización romana era más flexible que la de la mayoría de sus rivales. No sólo era superior a la de los pueblos tribales, que a menudo atacaban en masa y descoordinados, que consistían la mayor parte de sus enemigos; en contraste, la infantería pesada romana era capaz de adoptar diferentes formaciones y métodos de combate dependiendo de la situación. Desde la formación de tortuga en asedios, hasta el cuadro de infantería utilizado contra enemigos a caballo, pasando por unidades combinadas para enfrentarse a la guerrilla ibérica. 

Los patrones de tablero o línea triple además, permitían cambiar de una formación a otra en combate, y la organización jerárquica de las unidades permitía que los oficiales hicieran su trabajo con una alta efectividad. Eran capaces de improvisar tácticas ingeniosas, como hizo Escipión en Zama, dejando amplios huecos entre líneas para permitir el paso de los elefantes: colocando vélites a ambos lados para asaetearlos y empujarlos de vuelta hacia las líneas cartaginesas, para luego cerrar los espacios en una única línea que se enfrentó a los veteranos de Italia del ejército de Aníbal.

La disciplina, organización y sistematización logística mantenían la efectividad combativa durante largos períodos. Es de reseñar el sistema de campamentos fortificados o castra, que permitían al ejército una defensa digna del mejor fuerte permanente, descansar y reaprovisionarse para la batalla. La logística romana era capaz de mantener el poder combativo durante largos periodos, desde el reavituallamiento y almacenamiento de suministros rutinario, a la construcción de carreteras militares, arsenales estatales y fábricas de armas. 

En la guerra naval se organizaban convoyes periódicos, pieza clave en la derrota de Cartago. La muerte de un líder, por regla general, no desmoralizaba de manera apreciable a las tropas, pues un nuevo líder emergía y seguía el combate. En la derrota infligida por Aníbal junto al río Trebia, 10.000 romanos escaparon del desastre hacia un lugar seguro, manteniendo el orden y la cohesión en retirada, cuando la línea a su alrededor huía en desbandada. Esto da testimonio de su organización táctica y disciplina.

Eran capaces de absorber y reemplazar las pérdidas a largo plazo y estaban mejor dispuestos a ello que sus oponentes. A diferencia de otras civilizaciones, los romanos proseguían la lucha sin descanso, hasta que sus enemigos habían sido totalmente destruidos o neutralizados. El ejército actuaba para instaurar la política romana, y no se le permitía detenerse hasta que recibía una orden directa del Emperador o un decreto del Senado.

Contra sus enemigos europeos, particularmente en Hispania, la tenacidad y superioridad material romana consiguió finalmente acabar con toda oposición. Las tribus europeas no poseían una infraestructura económica o estatal capaz de aguantar largas campañas, lo que les hacía a menudo (aunque no siempre) susceptibles de aceptar la hegemonía romana. La derrota del bosque de Teutoburgo podría ser vista como una excepción, pero aun así, los romanos regresaron a la guerra cinco años más tarde con un poderoso ejército contra los pueblos germánicos. El hecho de que exista un límite en la tenaz persistencia no niega la regla general.

Cuando los romanos se enfrentaban a otra estructura imperial, como el Imperio Parto, las cosas se complicaban, y en ocasiones se veían obligados a llegar a un acuerdo. No obstante, no cambiaba la regla general de la persistencia romana. Roma sufrió sus mayores derrotas contra la sofisticada Cartago, en especial en Cannas, y se vio obligada a evitar batalla durante un largo periodo. Con el tiempo, sin embargo, reconstruyó sus fuerzas en tierra y mar, y persistieron en la lucha, asombrando a los púnicos, que esperaban una rendición de la república romana. Contra los partos, los romanos no se detuvieron ante las terrible derrotas, pues invadieron el territorio persa en varias ocasiones tiempo después; y aunque la propia Partia nunca fue conquistada por completo, Roma impuso su hegemonía en la zona.

El liderazgo romano era mixto, pero efectivo para asegurar el éxito militar. Desastres en el liderazgo ocurrieron a menudo en la historia militar romana: Varrón en Cannas o Craso en Carras son fieles ejemplos de ello. La estructura política romana, sin embargo, producía un ilimitado suministro de hombres capaces y dispuestos a dirigir a las tropas en combate. No era inusual para un general derrotado el ser ridiculizado por sus enemigos políticos en Roma, incluso en ocasiones viendo confiscadas parte de sus propiedades o escapando de la muerte a duras penas. La oligarquía senatorial, con todas sus maniobras e interferencias políticas, ejercía las funciones de supervisar y auditar las tareas militares. Algo que se tradujo en resultados a lo largo más de un milenio, tiempo durante el cual Roma vio nacer a líderes capaces como Escipión o Julio César.

Es importante indicar la gran cantidad de suboficiales que utilizaban los romanos, lo que aseguraba coordinación y orientación de las tropas. La iniciativa de estos hombres jugó un papel importante en el éxito de Roma. Este liderazgo se ve fuertemente ligado a los famosos centuriones romanos, verdadera espina dorsal de la organización legionaria. Aunque no puedan considerarse modelos de perfección, inspiraban un tradicional respeto.
La influencia de la cultura cívica y militar romana daba al sistema militar romano motivación y cohesión. La calidad de ciudadano conllevaba valiosos derechos dentro de la sociedad romana, y resultaba otro elemento más que permitía la estandarización e integración de la infantería.

11.01- Declive de la infantería:
Toda historia de la infantería romana se enfrenta a los factores que llevaron a su declive. Tal declive, por supuesto, está asociado a la decadencia de la economía, sociedad romana y escenario político. A pesar de ello, es de notar que la desaparición final de Roma fue consecuencia de una derrota militar, por muy plausible que sea la pléyade de teorías aventuradas por eruditos e historiadores, que oscilan desde bases impositivas reducidas, lucha de clases, o decadencia de sus líderes.50 Se discutirán aquí dos de los principales factores barajados por los eruditos militares: barbarización de la infantería y evolución a una estrategia de "defensa móvil". Existen una serie de controversias y opiniones contrapuestas en esta área.

11.02- Las nuevas legiones:
Para combatir las incursiones y ataques de sus enemigos fronterizos, cada vez más frecuentes, las legiones cambiaron desde una fuerza lenta y pesada a una tropa cada vez más ligera, además de introducir elementos de caballería cada vez a mayor escala.
Esto implicó que la nueva infantería perdiera el increíble poder de ataque que tenían las tempranas legiones, lo que se tradujo en que, a pesar de que la probabilidad de entrar en batalla fuera mucho mayor, tuvieran menos posibilidades de ganarla. El inferior tamaño de esta nueva legión también influía en este hecho.
Los jinetes romanos, aunque rápidos, eran muy débiles en comparación con los invasores hunosgodosvándalos y sasánidas. Esta ineficacia se demostró en Cannas y posteriormente en Adrianópolis: en ambos casos, la caballería fue totalmente destruida por un enemigo montado muy superior y mejor entrenado para este tipo de combate.

11.03- «Barbarización» de la infantería pesada:
En esencia, se discute que la barbarización creciente de las legiones pesadas debilitó la calidad de las armas, entrenamiento, moral y efectividad militar a largo plazo.
Se puede argüir que la utilización de personal bárbaro no resultaba un hecho novedoso. Aunque esto es cierto, dicha utilización se veía claramente definida al "estilo romano": era el personal bárbaro quien debía adaptarse a los estándares y organización romana, y no a la inversa. En el ocaso del Imperio, sin embargo, esto no era así. 

Prácticas como permitir el establecimiento de grandes contingentes de población bárbara dentro de las lindes del Imperio, la laxitud de la calidad de ciudadanía romana, uso creciente de tropas extranjeras y relajación o eliminación de la severa disciplina tradicional, de su organización y control, contribuyeron al declive de la infantería pesada.

Los emplazamientos foederati, por ejemplo, consistían en grandes contingentes bárbaros acomodados en territorio romano, con su propia organización y bajo sus propios líderes. Tales agrupaciones mostraban una tendencia a obviar el "modo romano" de organización, entrenamiento, logística, etc., en beneficio de sus propias ideas, prácticas y métodos. Estos emplazamientos pudieron haber traído la paz política a corto plazo para las élites romanas, pero a largo plazo su efecto fue negativo, pues rompía las ventajas tradicionales de la infantería pesada en cuanto a entrenamiento de batalla, disciplina y despliegue sobre el campo. 

Del mismo modo, dado que los bárbaros recibían un trato igual o mejor con mucho menor esfuerzo, la "vieja guardia" fue decayendo y no recibía alicientes para perpetuar las viejas costumbres. En efecto, estos contingentes de "aliados" a menudo se volvían contra los romanos, devastando y saqueando amplias áreas e incluso atacando formaciones del ejército imperial.

11.04- La «reserva móvil» el poder combativo romano:
Algunos historiadores cuestionan que existiera una «reserva móvil», tal y como se entiende en la actualidad, en tiempos del Imperio, argumentando en su contra que los cambios organizativos representan una serie de ejércitos expedicionarios desplegados en distintas áreas del Imperio cuando se les necesitaba, particularmente en Oriente. Otros apuntan a las graves dificultades fiscales e inestabilidad política del imperio tardío, factores estos que complicaban la prosecución de los métodos militares tradicionales.

11.05- Ocaso de la infantería de élite:
Existen otras muchas facetas en la controversia sobre el fin de las viejas legiones, pero sea cual sea la escuela de pensamiento, todos se muestran de acuerdo en que los valores tradicionales y el armamento de la vieja legión pesada entró en decadencia. Atrapada entre el crecimiento de infantes más ligeramente armados y desorganizados, y las cada vez más numerosas formaciones de caballería dentro de las fuerzas móviles, los "pesados" como fuerza dominante, se marchitaron. Esto no implicó que desaparecieran completamente, pero su reclutamiento masivo, formación, organización y despliegue como parte esencial del sistema militar romano se vio grandemente afectado. Irónicamente, en las últimas batallas del Imperio Occidental, las derrotas sufridas fueron infligidas por fuerzas de infantería (muchos luchaban pie a tierra).

Hacia el final, algunas de las viejas formaciones de infantería seguían utilizándose. Tales agrupaciones eran cada vez menos efectivas, sin la severidad en orden y disciplina, instrucción y organización de los viejos tiempos.